La joya de la arquitectura otomana, la Mezquita de Suleimán

Durante siglos los sultanes otomanos engalanaron las colinas de Estambul con mezquitas que resumieran en belleza su poder político; el recordado Suleimán el Magnífico no sería una excepción y bajo su auspicio se construyó un imponente complejo religioso que llevaría su nombre y que a día de hoy constituye uno de los monumentos más conocidos de Turquía.

La mezquita de Süleymaniye fue construida entre los años 1550 y 1557 por el arquitecto del imperio Sinan (cuya tumba se encuentra en las cercanías); para su construcción Mimar Sinan hizo gala de la arquitectura más innovadora del momento lo que la convierte en una de los ejemplos más importantes de la arquitectura otomana.

La mezquita rinde homenaje a la alturas, de hecho sus techos convergen en un domo vistosamente decorado y que sirve de punto de anclaje a las contundentes lamparas que iluminan su amplio interior.

La cúpula es considerada como la más alta del arte otomano y con 23 metros se atreve a hacer sombra a la de Santa Sofía a quien Sinan buscaba siempre como fuente de inspiración o de superación según se mire.

Otro de los elementos que hacen excepcional son sus cuatro alminares que se adaptan a la majestuosa estampa del cuerpo del edificio. La mezquita de Suleimán se impuso a la dificultosa ortografía del Cuerno de Oro con soltura, lo que combinado con sus dimensiones la convierten en uno de los edificios de mayor impacto visual de la ciudad.

Autores como el premio nobel Orhan Pamuk en su libro “Estambul” narra las sensaciones que le produce el sentir su presencia en el paisaje de Estambul y así escribe:

el placer que me produce contemplar, sintiéndola dentro de mí, la mezquita de Süleymaniye, sus líneas, la elegancia de los espacios bajo la cúpula principal, el grado de apertura de las cúpulas laterales, la proporción de los muros y los vacíos, las voces opuestas que, como si se tratara de una pieza musical, producen los pilares de apoyo y arbotantes, su forma de asentarse en la colina y en el espacio que ocupa, su blancura y la pureza del plomo de las cúpulas, no es el placer que se obtiene al contemplar un paisaje pintoresco. Porque al ver la mezquita de Süleymaniye, aunque sea cuatrocientos años después de su construcción, todavía la contemplo con la integridad y el objetivo con la que fue pensada y tal como se pretendía que fura vista”.

El interior es bello y acogedor aunque de visita limitada para el turista, al igual que en el caso de la Mezquita Azul, así la existencia de una pequeña barrera dificulta la apreciación de sus logradas vidrieras y detallada cerámica, ornamentación interior que da a esta mezquita su característica y hermosa personalidad.

Su patio, de casi 19.000 m2, es la primera piedra de un conjunto complejo de edificaciones que englobaba baños, hospicios, madrasas y hasta un cementerio donde destacan las tumbas del propio Sultán Suleimán y de su esposa Hürrem en un conjunto que roza lo magnifico, no desmereciendo el apodo que siempre acompaño en vida al mentor de esta magnifica mezquita.

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Con información de: Planeta Estambul